www.conozcabuenosaires.com.ar


San Telmo,"Una Feria de cosas viejas y más..."

Conozca Buenos Aires visitó al arquitecto Peña en el Museo de La Ciudad, del cual fue su fundador, donde se desempeño como Director hasta marzo de 2006 y actualmente sigue colaborando y aportando su experiencia tan válida, más allá de que ya no sigue desempeñando ese cargo.

José María Peña fue reconocido como "Ciudadano ilustre de la Ciudad" (el 5 de abril de 2005), una merecida distinción por sus conocimientos y su labor para lograr que un barrio que parecía carecer de valor y estaba quedando librado al abandono y al olvido, a punto de ser demolido para crear una nueva ciudad, resurgiera de sus propias cenizas a partir de su ardua tarea y la creación de una "Feria de Cosas Viejas, que fue un boom desde su concepción y sirvió de incentivo para recuperar a San Telmo.

Iniciamos la entrevista preguntando:

Por qué decidió ser arquitecto?

Me gustaba, aunque estudié arquitectura y cuando me recibí entré casi inmediatamente a trabajar en el Instituto de Arte Americano, que dirigía el arq. Buschiazzo Con un equipo que se acababa de crear, con el nombre de Arquitectura de los Siglos XIX y XX, éramos solo tres personas en ese proyecto y para mi fue un enfoque totalmente nuevo, porque había que hacerlo con la máxima seriedad, más científicamente, buscando documentación que prácticamente no había. Comencé a investigar a principios de 1960.

Hasta ese momento eran trabajos nostálgicos, había muchos que habían escrito sobre barrios, trabajos serios, pero sin plantearse preguntas, eran áridos. Para un investigador podían ser útiles para leer y sacar datos e ir a la fuente de dónde había salido. A mi me había tocado esa zona sur, que si bien conocía, mi manera de ver fue distinta, con planillas, fotografías, llegar aproximadamente a la fecha de los edificios (no en todos figuraba en su frente).

Tuvo algún sueño para plasmar en la arquitectura?

No, siempre me atrapó y me gustó la ciudad como me gustaba el cine, veía todas las películas, "Vi todo lo posible".

Qué opina de los edificios emergentes entre otros de gran valor patrimonial?

Mientras sean de buen diseño y estén bien ubicados, no siendo impertinentes con su entorno, me parece perfecto. No concebiría que en un terreno baldío se construya un edificio de época.

También en un momento se reguló la altura de los edificios para lograr mayor uniformidad?

En Av. de Mayo, el Barolo supera la altura establecida y sin embargo parece integrado.

En el entorno de la Plaza San Martín conviven distintos estilos, cómo lo ve?

El carácter de Buenos Aires es una suma de influencias y estilos. Siempre fue así, creció muy rápido y es nuestra particular manera de ser, de estar al día. "La ciudad es el resultado de la gente y no la gente el resultado de la ciudad".

Muchos edificios importantes fueron demolidos para construir torres modernas. No se daba tanta importancia a la preservación, por qué cree que era así?

Tiene que haber leyes y no las hubo hasta que en 1979, cuando nosotros sacamos la primera ordenanza de Barrio Histórico, manejada por el Museo durante los primeros 13 años, en la cual decía que "en los terrenos baldíos debe construirse arquitectura contemporánea, está prohibido hacer escenografías". No se podía construir una casa colonial, no tenía sentido, no vivíamos como en esa época.

Luego pasamos al tema de la Feria y sin necesidad de preguntar, nos contó con gran pasión acerca del origen de la misma y lo que motivó su creación:

Cuando el Museo instala la feria, en el año 1970, fue como cuando a una persona la operan de cataratas, vi diferente, descubrí cosas que no había visto nunca, porque el barrio de San Telmo estaba muerto, por una cantidad de razones municipales, porque se pensaba en demoler para hacer una ciudad nueva y los edificios no tenían valor económico, se vendía por valor del terreno, debido a la ordenanza de posible demolición.

En noviembre del 70 se instala la feria que se convierte desde el primer domingo en un boom absoluto, porque nunca hubo en Buenos Aires una feria de esas características. El 85 % de los primeros que integraron la feria, entendían de "cosas viejas", como es su nombre, nunca fue "feria de antigüedades".

La gente la llamaba la Feria de San Pedro Telmo y por ejemplo en París, hay una Feria de las pulgas, porque la ropa que se vendía tenía pulgas. Por esa razón, en nuestra primera ordenanza, se defendió el nombre "Feria de cosas viejas" y pusimos que no se aceptaba ropa, porque en ese momento no estaba de moda usar ropa de otra época y además eliminábamos el tema de pulgas, piojos, etc. Recién le dimos cabida cuando se puso de moda usar ropa de otras épocas, pero con cierto límite, se acepta solo ropa hasta los años 80.

La finalidad de la Feria era convertir a la plaza en una sala al aire libre del Museo, donde todo lo que se vendiera, hubiese estado en las casas de Buenos Aires, que permitiera aglutinar a la gente de la ciudad en una actividad nueva y se esperaba que esa gente descubriera uno de los barrios más viejos. Eso además propició que muchos alquilaran locales que hoy son anticuarios y algunos de esos locales, estaban tan estancados que no cambiaban su vidriera desde hacía años. De a poco se fue mudando gente de distintos niveles sociales, trabajos y profesiones que se dieron cuenta que volvía a ser un barrio vivible.

Se inauguró con 30 artesanos, pero a los tres meses ya estaban los 270 puestos que hay en la actualidad, porque había espacio, y se instalaron hasta que en marzo de 1971, cinco o seis artesanos se juntaron en Recoleta, junto al asilo de ancianos. A los dos o tres meses, se acercaron al Museo a pedirnos ayuda para evitar abusos de algunos, que les querían cobrar por el espacio, pero a nosotros no nos correspondía, era una feria que no nos correspondía, teníamos autorización para la de San Telmo, por lo cual, se ocupó en aquel momento la persona encargada de las plazas. Se hizo un censo y luego nos ocupamos de organizar también esa feria, hasta que luego, por disposición del gobierno se nos sacó de Recoleta, por considerarnos elitistas, y los artesanos pudieron sostenerse pocos meses, decidiendo irse a Europa, donde realmente hicieron capote.

La feria le dio tal empuje al barrio, que un investigador de apellido Melo, en un artículo de Clarín decía: "Detengan a San Telmo o en cualquier momento llega a Barrio Norte". Había crecido tanto a raíz del éxito de la feria, que incluso a una zona de Montserrat, la llamaban San Telmo.

El Museo se ocupa de controlar personalmente la feria, mediante inspectores que son el personal jerárquico del mismo. Antes yo, ahora el actual director, Eduardo Vázquez y dos o tres personas que controlan que no haya cosas nuevas, el horario de entrada y salida (si están en falta hay penalidades progresivas). Cada puestero tiene carpeta con su legajo. No abonan por estar allí.

El reglamento establece que cada tres meses tienen que volver a inscribirse y se sortean los lugares, que se van rotando, para que nadie piense que el lugar es malo. En tal caso hay malos vendedores o se venden cosas malas. Esta rutina de ir cambiando terminó haciendo que todos se conocieran, tengan al lado otro vecino y de esa manera se crea una especie de gran familia, se integran. Incluso, al cambiar de lugar, ordenan las cosas de diferente manera y siempre parece que hay cosas nuevas.

Qué ocurre con los artesanos que están con su lonita sobre la vereda y venden sus cosas, que no son viejas?

Se pretende que no estén, hay otras ferias u otros lugares para eso, incluso Defensa, que actualmente sigue hasta Av. Belgrano, pero lo que se vende, no tiene nada que ver con nuestra "Feria de cosas viejas". Es desleal porque a nosotros nos cuesta mucho trabajo mantener esta feria a la que voy cada domingo para controlar, que todo esté y se haga como está reglamentado.

Usted propuso dar a las calles su nombre original?

Las calles cortadas tenían un nombre determinado y yo propuse recuperar en las cortadas el nombre original, por ejemplo Betlehem, por los Betlehemitas y quisimos aplicar el criterio de los primeros tiempos, cuando tomaban el nombre de la actividad más notoria, como también era en otros países. La avenida Rivadavia era la Calle de las Torres, por las torres de la Catedral, Balcarce era La calle del Fuerte porque estaba el Fuerte y nosotros dijimos: "La actual Plaza Dorrego fue la plaza del comercio, donde alguna vez existió un mercado, hasta que se construyó el actual. En algún momento hubo una feria franca y por ello, la llamamos "Calle de la feria", que fue oportunamente aprobado". No hay nada más aburrido que los nombres propios. Sin embargo, al poco tiempo, alguien cambió el cartel, por otro con un nombre. Quien decidió cambiarlo, dijo que llamarla "Calle de la Feria" no significaba nada, no homenajeaba a nadie.

Para finalizar, qué opina del enrejado de las plazas con el que no todos están de acuerdo? Es la única manera de preservar esos espacios y los monumentos que se encuentran en los mismos?

Más allá de eso, las plazas eran enrejadas porque lógicamente eran lugares de descanso, donde sentarse a leer un libro y que pasara gente atravesándolas para acortar el camino distraía. Yo me tomé el trabajo de cruzar en diagonal y solo se gana un minuto y medio, por lo cual, no tiene sentido circular por la plaza creyendo que se gana tiempo y además, cuando eso molesta y distrae la atención de quien quiere leer un libro tranquilo.

Agradecemos mucho al arquitecto Peña su amable atención y el tiempo que nos brindó, para seguir conociendo un poco más de nuestra ciudad, de San Telmo y su "Feria de Cosas Viejas" que fue el resultado de su creatividad, para que un barrio volviera a renacer y además, rescatar la memoria de la ciudad.

Texto: Susana Espósito - Foto: Luis Leoz
Fecha de publicación 14/06/07

Volver a Página Principal de www.conozcabuenosaires.com.ar