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    Huérfanos de ayer y hoy

    El 7 de agosto de 1779 se fundaba en Buenos Aires la Casa de Niños Expósitos, una Institución que albergaba a los niños huérfanos que eran abandonados, criados allí y luego dados en adopción. Este miércoles se cumplirán 240 años.

    Casa ninos expositosFue fundada por el virrey Vértiz, sobre un solar de la calle San José, próximo a la esquina con San Carlos, actuales calles Perú y Alsina (Manzana de las Luces). Se le dio el nombre de Casa de Niños Expósitos porque en ella se recibía a los “expósitos” (del latín ex-positus, puesto afuera), palabra que se aplicaba a los niños recién nacidos abandonados, generalmente en las puertas de las iglesias o en la calle.

    Mucho tiempo ha transcurrido y pocas cosas han cambiado. Sigue habiendo niños huérfanos, abandonados e incluso arrojados a algún basural, que luego son recogidos y llevados a lugares donde generalmente vivirán largo tiempo, esperando que las cosas cambien y sean tenidos en cuenta. Las leyes son demasiado perezosas, de una lentitud que lejos de pensar en los derechos del niño parecen castigarlos más de lo que ya lo hizo la vida. Pasan de mano en mano, hogares en tránsito y luego, son víctimas de una burocracia que los priva de integrar una familia donde son esperados y serán bien recibidos con amor, contención y así soñar con un futuro promisorio.

    En la Ciudad de Buenos Aires, donde el estándar de vida es más alto, el proceso de adopción puede demandar cinco o seis años y aún más. Como es de público conocimiento, esta situación desgasta los deseos de quienes se postulan como adoptantes e incluso, hay muchos casos de gente conocida que así lo han manifestado y después de tanto tiempo de espera, entrevistas y cumpliendo con todos los requisitos, terminan desistiendo.

    Para muchos analistas, además de los problemas técnicos y burocráticos hay una cuestión que es previa: la decisión de devolver los niños a su familia biológica casi en cualquier circunstancia, lo que muchas veces termina naufragando porque hay familias que, por más que lo intenten, no pueden o no quieren hacerse cargo y mientras tanto, se dilata la posibilidad de brindar a las criaturas una familia que sí los desea y los quiere.

    Es hora de cambiar las leyes, hacerlas más ágiles y pensar realmente en los derechos del niño.


    Susana Espósito - Noticia publicada el: Martes 06/08/19 - (Cantidad de caracteres: 2274)




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