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    El intendente de New York quiere instalar bidets,
    considerándolo un artefacto de lujo

    Cuando viajamos, una de las cosas que más extrañamos los argentinos en los baños de los hoteles es el bidet, algo que muy pocos países utilizan. Fue creado en el siglo XVIII, en Francia, para lavarse después de tener relaciones sexuales y para los puritanos, usarlo era inmoral.

    Como perlita, podemos contar que en Argentina, el arquitecto Alejandro Christophersen (1866-1946), recordaba que un martillero remató un bidet describiéndolo como "un instrumento en forma de guitarra de uso desconocido" y que los puritanos consideraban que su empleo era inmoral. "Yo no soy una prostituta francesa", le respondió una clienta cuando él le mencionó la posibilidad de instalar un bidet en su baño.

    Ahora, ocurrió algo insólito. Parece que en algunos países recién advierten que este artefacto es algo importante para la higiene personal y por ejemplo, en New York, el nuevo alcalde que acaba de asumir, pidió instalarlo es su residencia oficial.

    Parece que en el país del primer mundo es creciente la aceptación del bidet entre los estadounidenses y por ello, el alcalde Zohran Mamdani manifestó públicamente su intención de instalarlos y expresó: “Ya veremos si lo conseguimos”.

    Claro que según mencionó el alcalde, lo único que prevé es añadir un “bidet manual” de 25 dólares “que se engancha en el lateral del inodoro”. Un portavoz del alcalde confirmó en un correo electrónico que la instalación ya había comenzado en Gracie Mansion.

    Casi todos los alcaldes de Nueva York han dejado su impronta en esta residencia centenaria, remodelándola por completo, como hizo Michael Bloomberg, o instalando mejoras, como la parrilla cubierta de Ed Koch y el respaldo de cama hecho a mano de David Dinkins.

    Pero el hecho de que Mamdani haya introducido en la mansión el “bidet de mano” es, como mínimo, un guiño a la creciente aceptación por parte de los estadounidenses de un artefacto que es común en muchas partes del mundo, pero que durante mucho tiempo se ha considerado inusual en Estados Unidos. Es increíble que tenga tanta expectativa por un artefacto que lejos está del que conocemos y tenemos en nuestros hogares, incluso, ese bidet de mano, en Dubai, está en los baños públicos.

    "Cuando pusimos en marcha Tushy, en Estados Unidos los bidets se consideraban un artefacto de lujo inaccesible o, sinceramente, algo raro”, afirma Allen, dueño de la empresa, pero “una vez que usas uno, es difícil olvidar cuánto más limpio se siente”.

    En las redes sociales, muchos usuarios reaccionaron al anuncio del bidet de Mamdani con entusiasmo, describiendo su objetivo de redecoración como una “prioridad” y un “imprescindible”, mientras que otros expresaron su confusión por su foco en los inodoros en lugar de en las políticas.

    Tal vez no falten respuestas a ese comentario, ya que podría decirse que para ser político y gobernar honestamente, es necesario "tener la cola limpia"... Aunque en Argentina tenemos bidet, pero parece que la mayoría de los políticos no lo usan porque son varios los que la tienen sucia. Por algo no se vota la "ficha limpia".

    En New York, algunos dijeron que la ciudad debería instalar bidets en todas partes y que los anhelos de Mamdani eran un auténtico reflejo de su herencia india, ya que allí los bidets son habituales. Ese comentario parece un tanto discriminativo, aunque tal vez sea un halago y por otra parte, en países desarrollados como Estados Unidos y tantos otros, resulta increíble que no se cuente con un artefacto que es fundamental para una higiene íntima correcta.

    De hecho, Estados Unidos es un caso atípico en el mundo en cuanto a su postura hacia el bidet, término que engloba varias formas de sistemas de higiene basados en el agua. Las versiones más modernas se instalan en los asientos de los inodoros y tienen rociadores retráctiles. El modelo más conocido es el de la empresa japonesa Toto, que lanzó por primera vez un bidet en 1980 y desde entonces ha desarrollado una especie de culto. Otras empresas más recientes, como Tushy, tienen sus propios asientos de bidet, con diseños que van de lo básico a lo lujoso, con capacidad para calentar el asiento del inodoro, controlar la temperatura del agua y neutralizar los olores.

    El término bidet procede de la palabra francesa usada para “caballito”, en referencia a la posición que se adopta para usar este modelo del artefacto. En otras partes del mundo, como el sudeste asiático, las casas y los baños públicos suelen tener bidets manuales, como jarras de agua o pequeñas duchas que coloquialmente se conocen como bidets de mano. En algunas religiones, como la islámica, a la que pertenecen Mamdani y Duwaji, la higiene y la limpieza equivalen a la fidelidad al culto, por lo que es culturalmente esencial disponer de medios de limpieza de fácil acceso.

    En nuestro país, el gran salto en popularidad se dio en los años 50, cuando se buscaba mejorar la higiene y combatir enfermedades, haciendo del bidet un artefacto común en los hogares de clase media.


    Susana Espósito - 5020 caracteres – Lunes 26/01/26




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